ARTÍCULOS DE: Prefilatelia

8 ago 2016

Carta circulada el 2 de abril de 1878 entre Londres y Arroyo del Puerco (Cáceres). Se encuentra franqueada mediante un sello de 1 penique rojo carmín (Yvert 26) con la efigie de la reina Victoria y con filigrana de corona. Está obliterado en tinta negra con un matasellos en forma de ovoide con cifra “71”. Lleva estampada en negro sobre el frente un fechador de salida de Londres.

Como peculiaridad de algunos sellos británicos de esta época está la colocación de letras en las esquinas del mismo que indicaban la situación del ejemplar en la plancha de la que provenía.



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GRAN BRETAÑA
1 PENIQUE ROJO CARMÍN (EMISIÓN DE 1858)
LONDRES




Perteneciente a la colección de:
José Sandez

Publicado el lunes, agosto 08, 2016 por Norba Filatélica

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21 abr 2014

Conclusiones finales
 
Según nuestro parecer y contrariamente a la opinión expresada por parte de algún autor,(1) las cartas expuestas en el presente artículo, así como todas las descubiertas hasta la fecha similares a estas, circuladas en el siglo XVII, sí tendrían carácter de “certificadas”. 

Imagen 17.- Friedenspostreiter_1648En un intento para contar con un patrón sobre el que basarnos a la hora de determinar si ciertas piezas son realmente cartas certificadas, el académico de la RAHF José María Sempere propone una serie de características o elementos definitorios: 

1.- Que sea transportada por la organización postal con unas garantías especiales. Esto implica un tratamiento diferenciado e individualizado, respecto al correo ordinario (en el que la organización postal hace un seguimiento especial de su transporte) y una penalización a la organización postal si es responsable de que el destinatario no reciba el envío.
 
2.- Que al remitente se le entregue un recibo conforme ha efectuado el envío por correo certificado.
 
3.- Que el destinatario firme el recibo de entrega.
 
4.- El pago de una tarifa específica para este tipo de correspondencia.”(2)
 
El hecho de que a día de hoy no se hayan encontrado pruebas de la existencia de algunos de estos presuntos elementos definitorios del correo certificado, no significa que estos no existieran en la correspondencia anterior a 1717, por lo que parece apresurado descartar esta posibilidad sin más. De hecho, todas las evidencias aportadas nos inducen a creer que esta modalidad específica de correo apenas sufrió variaciones formales en el tránsito de la época de los privilegios postales (siglos XVI y XVII) a la del Correo como renta del Estado (a partir del XVIII). 

1.- El tratamiento diferenciado e individualizado de este tipo de correspondencia se aprecia en la anotación “a recaudo” de uno de los sobrescritos presentados, así como en la especificación de las cartas remitidas por esta modalidad en los partes de los correos ordinarios y estafetas. 

2.- El hecho de no haber encontrado hasta la fecha ninguna muestra de recibo que le sería entregado al remitente en el momento en que realizó el envío, no significa que no existiera, o que no pudiera ser suplido con cualquier otro medio similar que constatase la contratación de este tipo de servicio, de hecho, el sentido común nos induce a pensar que sí debieron de existir. 

3.- Sin embargo, el recibí del envío por parte del destinatario podría quedar definido por la ya mencionada “certificatoria” que hemos comentado anteriormente. Aunque dicho recibo no siempre sería devuelto necesariamente al remitente como muestra de realización del servicio, al igual que hoy en día tampoco se procede de esta manera salvo en la modalidad del “correo certificado con acuse de recibo”. 

Imagen 18.- 1663-06-12 (Toledo a Palencia)4.- Aunque las cartas del Real Servicio viajasen (con carácter general) francas de porte, no quiere decir que, para el resto de la correspondencia particular, no debieran abonarse unos derechos de certificado. Sabemos que en 1716 ya existía una tarifa(3) para tal modalidad de correo que venía rigiendo con anterioridad. Incluso conocemos la existencia de una carta certificada(4) fechada en 1663 y circulada entre Toledo y Palencia que contiene un porteo de “medio real” a abonar en destino, que, si bien no se identificaría con los derechos de certificación, sí se correspondería con el abono del recorrido realizado, denotando, por tanto su carácter no oficial al no ir franca de portes. 

A pesar de todo lo dicho, en nuestra opinión estas características anteriormente reseñadas no reflejan necesariamente la esencia de esta modalidad de envío y, como ya hemos dicho, tampoco demuestran que dichas cartas no se ajustaran a estas normas.
Imagen 19.- Caballero 3Para elaborar nuestra propia definición de correo certificado consideramos fundamental basarnos en el contexto histórico-postal de la época y plantearnos la pregunta de si cualquier súbdito de Su Majestad Católica podría optar, dentro de la red postal oficial formada por ordinarios y estafetas, entre dos modalidades de envío: uno de ellos común y otro contando con mayores garantías en su custodia y recepción al que llamaríamos correo certificado. La respuesta, a nuestro juicio y después de las evidencias aportadas, sería afirmativa. 

Nos atrevemos, por tanto, a ofrecer una nueva definición de los rasgos esenciales que debería manifestar el correo certificado para ser tenido como tal:

Es un medio según el cual, y dentro del Sistema Postal ordinario, se ofrecería al usuario una serie de garantías, de las cuales no gozarían el resto de la correspondencia común, para asegurar la correcta entrega en su destino de una carta, pliego o paquete.
 
Con las condiciones expuestas más arriba no sería posible que el correo certificado tal y como lo conocemos pudiera haber aparecido con anterioridad al último tercio del siglo XVI, es decir en el momento en que el correo se convierte en un servicio público con la creación de los ordinarios y las estafetas. 

También se ha afirmado que nunca antes de 1716 se ha visto en el vocabulario común el uso de los términos “certificado”, “correo certificado” o “certificar” aplicados al ámbito postal.(5) Además se habría sostenido que esta modalidad de envío era prerrogativa exclusivamente de la correspondencia oficial y regia. Con el hallazgo de nuevos documentos demostramos que ambas afirmaciones no son correctas: 

Consisten en unas cartas circuladas entre Madrid y Trujillo,(6) de las que no se han conservado las cubiertas, y fechadas entre el 16 de mayo y el 11 de julio de 1704, en las que tanto el remitente como el destinatario son personas particulares, no tratándose de correspondencia oficial. Transcribimos algunos de los textos que se muestran elocuentes y concluyentes a este respecto:

Imagen 20.- Madrid 16 mayo 1704 (C)Madrid-Trujillo: 16-V-1704: Muy Sr mio: recibo su carta de vmd de 11 del corriente extrañando mucho el atraso de mis cartas pues en la que recibo (de) este correo correspondía darme aviso del recibo del de las cuentas de Castaño que remití y de que vmd me encarga su fenecimiento y me hace novedad esto porque cada quince días corresponde tener respuesta de las que escribo y puede ofrecerse en alguna ocasión algún inconveniente en dilatarse cualquiera aviso.
 
Imagen 21.- Madrid 30 mayo 1704 (C)Madrid-Trujillo: 30-V-1704: Muy señor mio doy respuesta a su carta de vmd de 25 del corriente diciendo me quedo en la misma confusión por la falta de mi carta en que iba el finiquito de las cuentas de Castaño y mas habiendo escrito aquel mismo correo al marques de San Miguel y a D. Antonio de Orellana y tenido respuestas de uno y otro, discurro se habra extraviado y por si hubiere sucedido, me detengo en sacar otro asta el correo que viene, porque le aseguro a vmd cuesta pasos y se añadirá algún gasto mas y el no haber certificado el pliego fue el que solo era un pliego de papel el finiquito y no hacia bulto ninguno.
 
Madrid-Trujillo: 11-VII-1704: Remito otro finiquito por (el) perdido de las cuentas de Castaño y para que no se pierda envío esta certificada y me avisara vmd de su recibo.”Imagen 22.- Madrid 11 julio 1704 (C)

En estas misivas circuladas por el correo regular y oficial, se refleja algo tan cotidiano hoy día como la pérdida de una carta. En la segunda de ellas el remitente justifica la razón por la que no la envió certificada y en la última anuncia que en esta ocasión sí la ha certificado para asegurar la recepción del documento que se perdió cuando fue remitido por el correo ordinario. 

Del análisis de estos textos se desprende sin ningún género de dudas, que, con anterioridad a 1717, el correo certificado ya era una modalidad diferenciada de la correspondencia ordinaria, que ofrecía mayores garantías en la recepción del envío y que se encontraba abierto a su utilización por parte de particulares. 

Como conclusión a todo lo anteriormente descrito pasamos a exponer las tesis finales: 

El correo certificado surgirá ante la necesidad por parte de la administración de beneficiarse del carácter público que fue adquiriendo el Sistema Postal en España en el último tercio del siglo XVI, con la plena implantación del sistema de estafetas y ordinarios. La función pública demandó a los correos mayores la búsqueda de una solución efectiva y económicamente rentable para dar curso a la ingente cantidad de correspondencia y despachos generada por la proverbial burocracia de los Austrias. 

Los correos mayores, aunque reticentes en un primer momento, tuvieron que acatar estas exigencias y buscar fórmulas creativas e innovadoras para garantizar la necesaria seguridad en el envío de este tipo de correspondencia. En poco tiempo supieron rentabilizar este sistema convirtiéndolo en un tipo de correo específico, para el cual se fijaron unas tasas diferentes a las de la correspondencia ordinaria de las que pudo disfrutar el público en general. 

Con este artículo esperamos haber contribuido a esclarecer los orígenes y funcionamiento del correo certificado en España. No obstante, no nos cabe ninguna duda de que nuevos descubrimientos contribuirán a reafirmar o a refutar parte de las tesis incluidas en este trabajo, el cual es un resumen de un estudio mucho más profundo realizado por el autor y que puede descargarse en formato digital en la web de Afinet.


REFERENCIAS
 
(1): SEMPERE LUQUE, José Mª.- “Orígenes del Correo Certificado en España.” Atalaya Filatélica, no 122 de agosto (2008)
(2): SEMPERE LUQUE, José Mª: op. cit.
(3): Anales de las Ordenanzas de Correos de España. Tomo I, Madrid 1879, p. 86
(4): Colección Jesús Sitjà
(5): SEMPERE LUQUE, José Mª: op. cit.
(6): Las cartas transcritas son propiedad del autor.



Escrito por:
David González Corchado

Publicado el lunes, abril 21, 2014 por Norba Filatélica

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2 abr 2014

La imprenta, como muchos otros adelantos científicos, llegó con retraso a Cáceres, casi cuatrocientos años después que Johannes Gutenberg perfeccionara su invento de la imprenta de tipos móviles y publicara la Biblia de 42 páginas hacia 1455. Nos cuenta Publio Hurtado1) que en la primera mitad del siglo XIX se instaló en Cáceres una imprenta, la primera que hubo en la ciudad, regentada por D. Lucas de Burgos, natural del pueblo riojano de Arnedillo. Información ésta ampliada posteriormente por Germán Sellers de Paz2) al asegurar que junto a aquel se instaló su hermano Miguel, que emplazaron el taller provisionalmente en el Convento de Santo Domingo y que aquella imprenta fue traspasada años más tarde a Nicolás María Jiménez, casualmente el impresor de cuyo taller, ya gobernado por sus herederos, salió la obra citada de Publio Hurtado. De esta primera imprenta existen escasos datos, si bien Fernando Jiménez Berrocal3), archivero e historiador del Archivo Municipal de Cáceres, contribuye con algunos más y los amplía indicando que la maquinaria consistía en una imprenta rudimentaria adquirida en Madrid y que el negocio se trasladó poco después al Portal Llano de la plaza Mayor, donde se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX

De este taller salieron los primeros periódicos y libros impresos en Cáceres de los que se beneficiaron, suponemos, la burguesía local y los funcionarios pues el pueblo llano no sabía leer ni escribir3); también fue el primer editor del Boletín Oficial de la Provincia desde 1834 y suponemos que con tan escasa parroquia es de imaginar que los ingresos del impresor habrían de ser en la misma proporción, lo que convertía el desarrollo de la profesión en toda una aventura. Apoyamos nuestra tesis en la lectura del propio boletín (años 1834 a 1837) además del siguiente documento. 

Brozas1
Se trata de una carta del Servicio Nacional (anotación manuscrita "SN" en la parte superior del frontal) que, al ir remitida a un Ayuntamiento, no gozaba de franquicia. La carta salió de la administración subalterna de Cáceres donde se le estamparon en tinta roja la marca postal de origen utilizada  entre 1828 y 1842 (según "Prefilatelia Española" Ed. 2004, Manuel Tizón) y el signo de porteo de cuño "7". 

El envío fue entregado en la estafeta de Brozas donde se abonaron los portes, a través de la de Navas del Madroño que en aquella época recibía su correspondencia desde Cáceres tres días a la semana. El signo de porteo de 7 cuartos de vellón no se ajusta a la tarifa vigente del 1 de noviembre de 1815, que establecía el porte de una carta sencilla (hasta 5 adarmes de peso, o lo que es lo mismo, unos 9 gramos) en 5 cuartos. La explicación por la que se le pudieron aplicar los 7 cuartos es que se le añadiese un sobreporte de 2 cuartos (costumbre muy frecuente en aquella época) que podría encontrarse vigente para todas las estafetas comprendidas dentro del partido de Alcántara con la finalidad de destinarlo al arreglo de caminos. 

La carta tiene fecha de 22 de abril de 1837 y la dirige nuestro protagonista, Lucas de Burgos, editor del Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres, al Presidente del Ayuntamiento de Brozas reclamándole la cantidad de 31 ½ reales correspondientes a parte de la suscripción del año anterior a dicho boletín y los 126 reales correspondientes a la del año en curso. 

Los Boletines Oficiales de la Provincia fueron creados por Real Orden de 20 de abril de 18334) que en su artículo 1º ordena que en cada capital de provincia se publique un Diario o Boletín periódico que insertará todas las órdenes, disposiciones y prevenciones que tengan que hacerse a las justicias y ayuntamientos de los pueblos por cualquier autoridad. El primer Boletín de la Provincia de Cáceres se editó el 24 de febrero de 1834, con el subtítulo de “Periódico de Industria y Literatura”, con una tirada de 1800 ejemplares5), con casi un año de retraso a lo establecido en la Real Orden, siguiendo la remolona costumbre de la llegada del progreso a nuestras tierras. Se publicaba este Boletín los lunes y viernes de cada semana al precio de 5 reales mensuales, 9 para los suscriptores de fuera de la capital, siendo entregado franco de portes en los domicilios. 

El Subdelegado Provincial de Fomento circuló orden a los Ayuntamientos con fecha 24 de febrero de 1834, anunciándoles la publicación del Boletín Oficial: Llegó por fin el día en que la provincia de Cáceres, esta ilustre mitad del feraz suelo extremeño, vea también agitarse en beneficio suyo la prensa periódica dentro de un mismo seno”, continuaba el funcionario con un alegato en pro de los beneficios de la imprenta. 

La edición del Boletín se sacaba en la capital a pública subasta adjudicándose a los licitadores que ofrecieran mayores ventajas y seguridades. La Real Orden detallaba que era obligación del editor hacer llegar a todos los ayuntamientos de la provincia un ejemplar de cada boletín, corriendo los gastos de correo por su cuenta, incluso del reenvío de ejemplares en caso de extravío, la obligación de insertar de manera gratuita cualquier anuncio que le remitiesen las autoridades de la provincia, como ventas, subastas, arriendo, etc., inclusive si la publicación de éstas conllevara la necesidad de una nueva publicación o Anexo al boletín. 

En contrapartida, para el sustento del editor, se establecía la obligatoriedad por parte de los pueblos de suscribirse por trimestres, semestres o por todo el año, pagando por trimestre vencido; así mismo se le autorizaba a admitir suscriptores particulares y a falta de órdenes o anuncios de las autoridades le permitían la inserción de avisos particulares. También se le autorizaba a negociar con la Administración de Correos el coste de los portes. No hemos encontrado disposiciones que nos permitan conocer de qué manera se establecía el precio del Boletín pero éste fue subiendo de manera progresiva, así encontramos que en enero de 1835 el precio ascendía a 21 reales trimestrales para los ayuntamientos, 10 para los particulares de fuera y 6 para los de la capital, precio que se mantuvo durante el año siguiente, revisándose al alza en enero de 1837 a 31 ½ reales a los pueblos, 15 particulares de fuera y 9 a los de la capital. 

advertencia
La morosidad de los suscriptores y el escaso número de estos convertía la edición del Boletín en un negocio poco rentable, lo que justificaría los aumentos del precio, la inserción de una “advertencia de la redacción” ya en el primer número del año 1836, , así como el envío de cartas de reclamación de deudas a los ayuntamientos, e incluso la intervención del Subdelegado de Fomento que en Circular número 3 de 20 de marzo de 1834, insta a los pueblos deudores al Boletín Oficial que satisfagan inmediatamente sus descubiertos, so pena de verlos incrementados con el correspondiente apremio.

La carta del tipógrafo está impresa, como no podía ser de otra manera, dejando un espacio para expresar en letra manuscrita la deuda atrasada y otro para el nombre del Ayuntamiento al cual va dirigida, lo que nos hace pensar que el de Brozas no era el único moroso del Editor. Remite la misiva la Redacción del Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres lo que le aporta un carácter oficial: el Editor solicita el reembolso "para continuar con la impresión del mismo boletín...". No debe sorprendernos entonces que hasta que un siglo después fuera la Diputación Provincial quien editara el Boletín en su propia imprenta hubiera hasta 15 impresores distintos. ¡Cualquiera aguantaba ...!




Fuentes bibliográficas

1). Hurtado, Publio. Ayuntamiento y familias cacerenses. Cáceres, Tipografía, Encuadernación y Librería de Luciano Jiménez Merino, imp. 1918.
2). Seller de Paz, Germán .La prensa cacereña y su época (1810-1990). Cáceres, Institución Cultural "El Brocense", Diputación Provincial, 1991.
3). Jiménez Berrocal, Fernando. La imprenta. Cáceres, El Periódico Extremadura, 2013.
4). Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. http://prensahistorica.mcu.es/
5). Seller de Paz, Germán. Op cit. pp 63y sgs.


Nuestro agradecimiento a:

Cándida Sevilla Solano, Técnica Archivo-Biblioteca de la Diputación Provincial de Cáceres, por su inestimable colaboración en la búsqueda de documentos sobre la historia del Boletín de la Provincia.

David González Corchado, Vocal de Biblioteca y Juventud de la Asociación Cultural Filatélica y Numismática Cacereña, por su aportación en la explicación de los datos pre-filatélicos de la carta.


Realizado por
Angel Licerán González y José Manuel Lagarejos

Publicado el miércoles, abril 02, 2014 por Norba Filatélica

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13 mar 2014

Interesante documento perteneciente a la colección particular de don José Sandez Granados

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Publicado el jueves, marzo 13, 2014 por Norba Filatélica

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19 feb 2014

Análisis de los elementos postales contenidos en las cubiertas de las cartas.

Valladolid – La Coruña (27 de marzo de 1604)
 
Imagen 6.- FRIAS_C_67_D_1(L.S.)_008Los trazos manuscritos cruzados se convertirán en el signo inequívoco de la certificación postal a partir del siglo XVIII, sin embargo, aún no constituyen una prueba que demuestre este mismo uso en los albores del siglo XVII. La utilización en AHN_INQUISICI?N_1927_EXP_0011_0036.jpgsolitario de dicha marca en ciertas cartas, como la mostrada por José María Sempere en su artículo “Los orígenes del Correo Certificado en España” con destino al correo mayor de Barcelona y datada en torno al año 1690 le permite suponer que dicha marca ostentaba un carácter de franquicia. Dicha hipótesis es también compartida por nuestra parte, aportando además una nueva prueba que la avala y que consiste en otro sobrescrito circulado entre los correos mayores de Madrid y Cuenca y fechado el 19 de junio de 1652.(1)
 
Imagen 8.- Madrid (1652-07-19) interiorLa utilización de esta marca como signo de franquicia y no como marca de certificado queda definitivamente demostrada con la anotación contenida en el interior del sobrescrito: “Entregó esta carta en el tribunal Alonso de Morales Correo Mayor desta ciudad que dijo la avia recibido de merced = Y la entrego en la audiencia de la mañana a 22 de junio de 1652 =” 

La expresión “recibido de merced” (Rdo de md) significa inequívocamente que había sido entregada sin coste alguno para el destinatario, es decir, franca de porte. 

La vinculación de estas marcas a la correspondencia en la que se producía la intervención de los correos mayores, así como la existencia de diferentes anotaciones de franquicia para otro tipo de autoridades e instituciones que nos consta recibían franca su correspondencia en aquella época, como la del Real Servicio, la privativa del monarca o la de los Tribunales del Santo Oficio de la Inquisición, nos hace suponer que esta representación de franquicia era exclusiva de los correos mayores, no solo del Correo Mayor General, sino también de los de las distintas villas, ciudades y territorios por ellos administrados. Esta práctica se puede comprobar también observando algunos sobrescritos del archivo Simón Ruiz donde existen utilizaciones tempranas de la marca.(2)
 
Imagen 9.- FRIAS_C_67_D_1(L.S.)_008aLa segunda de las anotaciones postales manuscritas del sobrescrito es la que reza “es del serº de Su Magd (es del Servicio de Su Majestad). Llama la atención el hecho de que dicha anotación sea realizada por distinta mano que la que manuscribe las señas del destinatario, cuando habitualmente no era así, por lo tanto no cabe atribuirla al remitente, sino al propio Correo Mayor Juan de Tassis y Acuña. El texto nos indica el carácter oficial del envío que, por lo general, se encontraba exento del abono de los portes. 

Imagen 10.- FRIAS_C_67_D_1(L.S.)_008dLa anotación Vaya A Rdo y cefon también de mano del Correo Mayor General es, en nuestra opinión, la más interesante y trascendente de todas, ya que dota a la carta de una originalidad respecto al resto de correspondencia certificada perteneciente al siglo XVII de la que tenemos constancia. 

La abreviatura de certificación “cefon” es el denominador común y signo distintivo de cualquier carta certificada de los años y siglos posteriores hasta 1850. Sobre su significado y naturaleza entraremos cuando analicemos la segunda de las cartas descritas. 

Nos centraremos, por tanto, en la primera parte de la anotación: “Vaya A Rdo”, donde el significado de la abreviatura, tras haberlo sometido también a un examen paleográfico, no nos ofrece ninguna duda de que se corresponde con la locución adverbial “a recaudo” cuya definición según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua sería “Bien custodiado, con seguridad”. Dicha definición se ilustra con un ejemplo: “Estar, poner a buen recaudo”

No es en absoluto habitual encontrar este tipo de anotación manuscrita en el frontal de un sobrescrito (esta es la primera que vemos). Su traslación al ámbito histórico-postal implicaría que dicha carta recibió un tratamiento individualizado y que fue apartada del resto de la correspondencia ordinaria junto a la que viajó, con la finalidad de preservar intacto su contenido al ser entregada a su destinatario. Este elemento es clave y trascendente, ya que la citada anotación evidencia uno de los rasgos definitorios más importantes del correo certificado en la época moderna, cuya existencia en los siglos XVI y XVII ha sido puesta en duda por algunos autores. 

Imagen 11.- FRIAS_C_67_D_1(L.S.)_008gY llegamos al último de los elementos postales de la primera de las cubiertas, que es la firma “Tassis del máximo responsable de la administración del Correo en aquella época: D. Juan de Tassis y Acuña, primer conde de Villamediana desde 1603 y que ejerció la función de Correo Mayor General de los Reinos de España entre 1579 y 1607. El cual, en virtud de su cargo y posición, debía residir en la Corte de Valladolid muy cerca del Monarca. Esta rúbrica coincide exactamente con la de la carta certificada hallada por Fernando Alonso en el archivo municipal de León y fechada el 23 de noviembre de 1604 y con algunas otras que se conservan de la época. 

Las Pedroñeras – La Coruña (28 de enero de 1599)
 
Imagen 12.- FRIAS_C_63_D_12(L.S.)_004 (copia)El signo de franquicia en la cubierta es la clásica fórmula Por el Reyque estará vigente en la correspondencia real desde mediados del siglo XV hasta ya avanzado el siglo XIX.
Esta forma de encabezar los frontales no solo dotaba al envío de prioridad absoluta respecto al resto de correspondencia portada por el correo; sino también respeto y reverencia ante la palabra otorgada por el Rey, así como sumisión y acatamiento a su contenido. Un despacho con órdenes directas del monarca no debía perderse y, por tanto, las precauciones para el encaminamiento a su destino debían extremarse al máximo. 

Es por ello que este tipo de cartas viajarían, desde la Edad Media, generalmente a través de correos extraordinarios (es decir, correos contratados y enviados expresamente a un destino y pagados en función de la distancia recorrida y la velocidad empleada), a los cuales se les solía exigir certificación (documento que acreditaba que había cumplido con las condiciones pactadas, del número de leguas existentes, velocidad, tasación del viaje...) y recibo por parte del destinatario. 

No obstante, con la implantación de los ordinarios y las estafetas en la segunda mitad del siglo XVI, los correos mayores y la propia administración tratarán de utilizar este nuevo sistema mucho más económico para realizar tales envíos en detrimento del envío de correos extraordinarios. Ante este tipo de correspondencia de Estado deberán tomarse las medidas oportunas para que las órdenes del monarca, así como otros documentos oficiales puedan ser despachados ágilmente y con seguridad cierta de que llegarán a su destino, cosa que la infraestructura postal de aquel entonces no estaba en condiciones de garantizar en la correspondencia común; es por ello que será necesario desarrollar una nueva forma de articular el envío de ciertos documentos que será el correo certificado. 

Imagen 13.- FRIAS_C_63_D_12(L.S.)_004 (otra copia)Como decíamos anteriormente la anotación de certificación manuscrita certifzon es la marca postal más importante de este tipo de correspondencia ya que se convierte en el elemento definitorio del propio correo certificado. La autoridad a quien se exige esta certificación es al Correo Mayor del lugar de destino o funcionario de la administración, en cuanto a personas que gozan de tales atribuciones conferidas por sus propios oficios. En cuanto al soporte sobre el que lo harán, aún no tenemos certeza de cual sería, aunque dicho documento sin duda existió y no podría ser igual que un parte de los utilizados por los correos extraordinarios, puesto que al circular por el servicio de estafetas no serían necesarios incluir muchos de sus elementos definitorios, no obstante sí sabemos que en los partes de los correos ordinarios debían hacerse constar las cartas que viajaban certificadas diferenciándolas del resto. En un documento de principios del siglo XVII se habla de “certificatoria” aludiendo al documento que debía entregarse al remitente de las cartas certificadas.(3)
 
Imagen 14.- FRIAS_C_63_D_12(L.S.)_004La rúbrica sin firma que se refleja en este sobrescrito, no parece corresponder a la del Correo Mayor, don Juan de Tassis y Acuña, firmante de la anterior, ni a la de su hijo Juan de Tassis y Peralta que compartía el cargo del Correo Mayor General junto con su padre desde 1598, y que sabemos acompañó al monarca en las Jornadas de Valencia. Gracias al hallazgo de algunas cartas remitidas apenas unos días antes desde Madrid y rubricadas por Juan del Monte Pichardo (teniente del Correo Mayor General), podemos concluir sin ningún género de dudas que esta rúbrica se corresponde con la del citado personaje, que se encontraba en Madrid en aquella fecha y no en Las Pedroñeras junto al rey.(4)
 
Imagen 15.- FRIAS_C_64_D_1(L.S.)_002Esta información, junto con algunos otros indicios que se deducen del propio interior del sobrescrito certificado, como de los testimonios del propio Monte Pichardo en otras cartas, nos inclinan a afirmar que, a pesar de que el sobrescrito se encuentra fechada en Las Pedroñeras, fue certificado a su paso por Madrid; realizando, por tanto, el trayecto Las Pedroñeras – Madrid en el interior de un pliego que, bien podría portar un correo extraordinario despachado desde la villa conquense o bien mediante el ordinario de Valencia que lo recogería a su paso por Las Pedroñeras y lo depositaría en la Casa del Correo Mayor General. 

En nuestra opinión, la firma del Correo Mayor Imagen 16.- 1652-05-15 (Madrid a Trujillo)o de su teniente, es un elemento que, si bien parece ser definitorio en los primeros años de las certificaciones postales, se acaba convirtiendo en potestativo con el paso del tiempo. Opinamos que la única razón de tal anotación en este tipo de sobrescritos es la de hacer valer la autoridad de quien exige la certificación y acuse de recibo en destino, así como la de certificar haber recibido la carta asumiendo la responsabilidad de su custodia en origen. A lo largo del siglo XVII, con la difusión del correo certificado entre el resto de estafetas del reino se se fue prescindiendo de este requisito en favor del más práctico de la anotación del lugar de partida, donde posteriormente debería llevarse el recibo. 

Interpretación postal de las cartas
 
Es muy probable que la carta fechada en Valladolid realizara la primera etapa del viaje, hasta León, mediante el sistema de estafetas, es decir, usando el servicio postal regular entre diferentes localidades según el cual distintos correos que cubrían el trayecto entre dos postas, se relevaban las valijas de correspondencia. Una vez en la Casa del Correo Mayor de León es muy posible que este sobrescrito le fuera entregado al correo ordinario que enlazara esta ciudad con La Coruña. En todo caso el servicio sería realizado dentro de la red oficial de correos y no mediante el despacho de un correo extraordinario, como venía siendo habitual hasta aquella época. 

La carta fechada en Las Pedroñeras, como ya hemos dicho, realizaría la primera parte del trayecto en el interior de un pliego con más correspondencia y despachos dirigidas a la Corte de Madrid, portado por un correo extraordinario despachado expresamente para tal fin o aprovechando el tránsito del correo ordinario de Valencia. Una vez en Madrid, la carta sería certificada por el teniente del correo mayor y despachada por la red postal oficial (ordinarios y estafetas) hasta La Coruña, siguiendo un proceso e itinerario parecidos a la anterior. 

Continuará

REFERENCIAS
(1): AHN,Inquisición,1927,EXP.11
(2): ALONSO GARCÍA, Fernando: El Correo en el Renacimiento Europeo. Estudio Postal del Archivo Simón Ruiz (1553-1630). Madrid, 2004, p. 509
(3): Anales de las Ordenanzas de Correos de España. Madrid, 1879. Tomo I, pp 40-44.
(4): AHN, Nobleza, frías,C.64,D.1. 1 y 2.

DESCRIPCIÓN DE LAS IMÁGENES
Imagen 6: trazos cruzados manuscritos.
Imagen 7: Sobrescrito circulado entre Madrid y Cuenca el 19 de julio de 1652, con trazos cruzados manuscritos en señal de franquicia. AHN,Inquisición,1927,EXP.11
Imagen 8: Detalle del texto interior del sobrescrito precedente.
Imagen 9: Es del Servicio de Su Majestad.
Imagen 10: Vaya a recaudo y certificación
Imagen 11: Firma sin rúbrica “Tassis” (Juan de Tassis y Acuña)
Imagen 12: Por el Rey
Imagen 13: Certificación
Imagen 14: Rúbrica sin firma de Juan del Monte Pichardo, teniente del Correo Mayor General.
Imagen 15: Firma y rúbrica de Juan del Monte Pichardo.
Imagen 16: Sobrescrito certificado circulado entre Madrid y Trujillo el 15 de mayo de 1652, con anotación “Certificación a Madrid”, más antiguo conocido con la especificación del lugar de origen (Archivo Histórico Municipal de Trujillo).


Escrito por:
David González Corchado

Publicado el miércoles, febrero 19, 2014 por Norba Filatélica

1 Comentario

8 feb 2014

Coleccionar Prefilatelia no consiste únicamente en recopilar todas las marcas posibles de una demarcación postal como podría ser Extremadura. El verdadero coleccionista debe llevar a cabo también una labor de médico forense, diseccionando por partes la pieza y cruzando indicios con datos y evidencias hasta dar con una interpretación plausible de lo que sucedió en un determinado lugar y momento alejado varias décadas o incluso siglos de la época presente. Esta es una de las grandezas de la Historia Postal que nos permite convertirnos en auténticos detectives del pasado.
A continuación os muestro una carta que sirve para ilustrar lo que acabo de decir:


La presente imagen muestra un sobrescrito fechado en su interior en Zarza-Capilla, provincia de Badajoz, el 16 de diciembre de 1833. Se encuentra circulado a Trujillo y dirigido al subdelegado de Policía de esa ciudad. 

El contenido de la carta es ciertamente interesante: un vecino de Zarza Capilla llamado Damián Marqués acusa ante el subdelegado de la Policía de Trujillo al juez y al teniente de la policía de la villa, en relación con ciertas negligencias en el momento de armar a los vecinos. Hay que tener en cuenta el contexto político de la época que nos sitúa en la Primera Guerra Carlista que, como es sabido, llegó a extenderse hasta Extremadura. 

Aunque este dato resultará crucial para la interpretación de la carta, nos centraremos, por el momento, en el análisis postal de la misma: 

Cualquier coleccionista de historia postal en su periodo prefilatélico, inmediatamente recurriría a los volúmenes de “Prefilatelia Española” de Manuel Tizón en su edición de 2004, con el objetivo de localizar la procedencia de la marca postal de cuño, estampada tenuemente en color rojo, en el frontal de la carta. 


Rápidamente localizará la citada marca en la población de Siruela y además se llevará una grata sorpresa, dado que la catalogación que el autor hace de esta marca es de “extraordinariamente rara” por lo que no se conocen más de 1 ó 2 ejemplares; además el catálogo establece su datación en 1840, con lo que nuestra carta fechada en 1833 adelantaría en 7 años su periodo de uso. 

Con pocos conocimientos que tenga este coleccionista sobre prefilatelia, se fijará que la marca en cuestión pertenece a las denominadas de “franqueo previo”, lo que significaba que los portes de la carta habrían sido pagados por el remitente y no por el destinatario, a pesar de que lo corriente era que fuera el receptor de la misiva quien se hiciera cargo del abono de los portes, al menos así fue hasta la aparición del sello de correos. Estas cartas franqueadas en origen eran además señaladas con un aspa de tinta en el frontal del sobrescrito, para que resaltara a primera vista que no debían abonar los portes en destino, tal y como se refleja en nuestra carta. 

¿Y a cuanto ascendió el precio del envío de la carta? Pues en el caso de las cartas con marcas de franqueo previo el porteo solía figurar en el dorso del sobrescrito, por lo que mirando el reverso, encontramos un signo manuscrito de porteo “7” (cuartos de vellón) que es lo que pagó el remitente.

Según las tarifas postales de 1 de noviembre de 1815, que eran las vigentes en 1833, el porte de una carta sencilla para el interior de la Demarcación Postal de Extremadura Baja era de 5 cuartos. La razón de que esta carta pagara 7 obedecería a que incrementaron 2 cuartos más en concepto de sobreporte, muy corrientes en aquella época en determinadas regiones y partidos, posiblemente para el arreglo de caminos. 

Una vez realizado este somero estudio postal, el coleccionista novato se conformaría, por tanto, con situar esta carta dentro de su álbum dentro de la población de Siruela y de haber deducido el porte de su envío, habiendo incluso reparado en el sobreporte que se le aplicó.


No obstante, si fuera un poco observador le llamaría la atención una anotación manuscrita que figura en el ángulo inferior izquierdo del sobrescrito donde puede leerse “Franco” con un tipo de tinta y letra diferente al que manuscribe la dirección. ¿No es redundante encontrar un “franco” manuscrito junto a su sinónimo “FRANQUEADO” con estampación de cuño? Podría ser; pero si este coleccionista además de observador tiene curiosidad e interés por el estudio y posee alguna bibliografía postal, como son los Anales de las Ordenanzas de Correo, descubrirá que la “Instrucción que deben observar los Administradores de las estafetas agregadas a las principales del reino, dada en san Ildefonso el 26 de julio de 1784”, en su apartado 16 se refiere a las localidades donde no existen administraciones de correos con marcas de cuño, estableciendo para ellas “..:que se selle o franquee, poniendo los administradores en las cubiertas la nota de franqueada con media firma.” La misma instrucción en su apartado 9 insiste en señalar la palabra Franqueado para señalar y distinguir estas cartas. 

Es evidente que esa anotación manuscrita tiene la misma relevancia postal que la de cuño y además fue impuesta en el punto del que partió la carta por el correo, por lo tanto estamos hablando de una marca inédita y, por tanto, no catalogada. La dificultad estará en conocer en que población se aplicó.
¿Podría ser la marca y el origen postal de la carta de la localidad de Zarza Capilla por ser este el lugar donde fue escrita? Todo induciría a creer que sí, si no fuera por algo que no acaba de cuadrar: 

El coleccionista e investigador meticuloso procurará siempre no dejar cabos sueltos y una de las normas principales que debe perseguir siempre, en la medida de lo posible, es la de establecer la ruta seguida por la carta. Este objetivo no siempre resulta fácil y se hace necesario la consulta de mapas postales de la época, diccionarios geográficos o de correos y otras fuentes, para saber, en primer lugar, por qué camino sacaba cada población su correspondencia. Primero situaremos la villa en un mapa lo más cercano posible a la fecha en cuestión. Así es como encontramos una lámina de finales del siglo XVIII que puede resultarnos bastante útil. 

Desde la aldea de Zarza Capilla parten dos posibles caminos, uno de ellos marcado en rojo que pasa por Siruela que es donde le fue estampada la marca de franqueo y otro en color azul que pasaría por Cabeza del Buey. 

Es evidente que la ruta seguida fue a través de Siruela. Sin embargo, para nuestra sorpresa, al consultar el Diccionario Geográfico de Pascual Madoz editado en 1846, podemos leer que la población de Zarza Capilla sacaba su correo por Cabeza del Buey con un valijero dos veces a la semana. Esta dato es corroborado por el libro “Extremadura en la Historia Postal” de nuestro amigo y colaborador José Luis Guzmán, el cual explica que en 1804 la villa de Cabeza del Buey recibía la correspondencia de Zarza Capilla. 


¿Qué ocurrió para que esta carta circulase por una ruta completamente opuesta a la establecida? Llegado a este punto sólo podemos movernos en el campo de la especulación barajando, al menos, 3 opciones posibles: 

Opción 1: La carta fue depositada en manos del valijero en la propia Zarza Capilla.
Opción 2: La carta fue depositada directamente en la estafeta de Correos de Siruela.
Opción 3: La carta fue entregada al correo en cualquiera de las poblaciones que dependían de la estafeta de Siruela 

La primera de las opciones queda descartada por la sencilla razón de que si la misiva hubiera sido entregada al valijero de Zarza Capilla, ésta habría seguido la ruta convencional, es decir, a través de Cabeza del Buey, lo cual habría hecho imposible su tránsito por Siruela y la aplicación de la marca de franqueo de cuño. 

La segunda opción tampoco es razonable, dado que si los portes fueron satisfechos en Siruela no habría sido necesaria la anotación manuscrita “Franco”, ya que directamente se habría estampado la marca de franqueo de cuño de Siruela, además de haberse incorporado la marca postal de origen, cosa que no ocurre. 

Queda, por tanto solamente la tercera de las opciones posibles y es que la carta hubiera sido entregada al valijero de alguno de los pueblos agregados postalmente al de Siruela; los cuales son Baterno, Capilla, Fuenlabrada de los Montes, Garlitos, Garvayuela, Herrera del Duque, Peñalsordo, Puebla de Alcocer, Santi Spíritu, Talarrubias, Tamurejo y Villarta de los Montes. 

Por proximidad, y pura lógica (ver mapa), lo más razonable sería que la carta hubiese sido entregada en el pueblo más próximo a Zarza Capilla al valijero que llevara la correspondencia a Siruela, el cual sería Peñalsordo (distante 6 kilómetros) que realizaba la ruta 3 días a la semana (domingo, martes, y viernes) desde esta última villa y atravesando Capilla y Garlitos hasta Siruela. Esta teoría encajaría con la fecha en que fue escrita la carta (16 de diciembre de 1833) que cayó en lunes, por lo que al día siguiente saldría el correo hacia Siruela que sería aprovechado por el remitente. 

La ruta hacia Trujillo a través de Siruela era también mucho más corta que la que se haría por Cabeza del Buey ya que, mientras la primera necesitaría un total de tres cambios de valija (Cabeza del Buey, Castuera y Villanueva), la segunda ruta solo precisaría uno en la villa de Siruela. 

Aunque la opción del origen postal de la carta en Peñalsordo sería la más probable, según mi criterio, no se descartaría que hubiera podido ser depositada en el correo en Capilla o en Garlitos, que son los siguientes pueblos más próximos a Zarza Capilla en la ruta seguida hacia Siruela. 

Como resumen de lo dicho (y reconociendo que en esta teoría hay algunas dosis de hipótesis) tras haber realizado la autopsia del sobrescrito concluiríamos que: 

Diego Marqués, vecino de Zarza Capilla, quizás por sus fuertes principios liberales o por meras rencillas personales, desea denunciar nada menos que al juez de la villa y al teniente de la policía ante el Subdelegado de la Policía de Trujillo. El denunciante trata de actuar con toda la discreción posible y no llamar la atención con su actitud para que no se enteren los afectados, quienes además serían de los personajes principales de la población; para ello, con la intención de que sus vecinos no le vean entregar una carta dirigida a la máxima autoridad policial del partido y que pueda llegar a correrse la voz de su condición de “chivato”, acudirá al cercano pueblo de Peñalsordo, donde además pagará los portes de la carta para así asegurarse de que no será rechazada por su destinatario, y por lo tanto devuelta a su origen. El valijero de Peñalsordo practicará el aspa de tinta y la anotación “franco” como evidencia de que los portes fueron pagados por el remitente. La carta atravesará posteriormente Siruela donde se le estampará una nueva marca de franqueo, corroborando el manuscrito y llegará finalmente a Trujillo. 

Todo lo que pudo llegar a pasar a partir de ese momento es algo totalmente desconocido para nosotros. Sin embargo hemos podido convertirnos por un momento en Sherlock Holmes o en el doctor House mientras practicamos nuestra afición favorita. 

Escrito por
David González Corchado

Publicado el sábado, febrero 08, 2014 por Norba Filatélica

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14 ene 2014

Descubiertas dos nuevas cartas certificadas anteriores
a la primera certificación postal conocida
(David González Corchado)
 
El origen y desarrollo del correo certificado en España viene siendo actualmente uno de los temas más controvertidos de nuestra historia postal desde que el investigador y académico de la RAHF, Fernando Alonso García descubriera en el Archivo Municipal de León, en el año 1999 el más antiguo sobrescrito con evidencias de certificado en su cubierta fechado el 23 de noviembre de 1604.(1) Dicho hallazgo motivó que la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos le dedicara en 2004 un sello, con motivo del IV centenario de la primera certificación postal del mundo. 

No obstante, el también académico y estudioso de nuestra historia postal, José María Sempere ha puesto en duda, a través de diferentes artículos,(2) el carácter de certificación postal de este tipo de sobrescritos. 

Las escasas piezas conocidas con anotaciones de certificado en los años anteriores a 1717(3), momento en que la Corona incorporó definitivamente los servicios postales como renta del Estado, así como la ausencia de una normativa al respecto y de la escasez de fuentes documentales, no nos permiten conocer a fondo las características de esta modalidad de correo durante la época de los “Privilegios Postales” (siglos XVI y XVII), por lo que los investigadores se mueven en las arenas movedizas de la especulación. 

La carencia de fuentes no significa que no se puedan utilizar nuevos documentos o piezas inéditas para seguir profundizando y aventurar teorías e hipótesis que contribuyan a reabrir el debate, que siempre resultará necesario para avanzar en el conocimiento de nuestra historia postal. 

El hallazgo que justifica el presente artículo hay que ubicarlo en la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional en Toledo. Entre sus fondos de correspondencia de los siglos XVI y XVII(4) hemos descubierto recientemente dos sobrescritos con anotaciones postales manuscritas en sus cubiertas que podemos atribuir a la correspondencia certificada. Al observar las fechas de ambas cartas dirigidas al conde de Caracena,(5) se puede comprobar que circularon con anterioridad a la que, hasta hoy, se tenía como la primera carta certificada fechada en León el 23 de noviembre de 1604.
El presente artículo tiene por objeto, además de documentar estas piezas inéditas, aventurar nuevas hipótesis acerca de los inicios del correo certificado y su desarrollo en España en los siglos XVI y XVII; contribuyendo de esta manera a la inestimable labor de investigación que iniciaron hace años los ya citados académicos José María Sempere Luque y Fernando Alonso García. 

Descripción de los nuevos sobrescritos encontrados:
 
La primera de las piezas descubiertas(6) se encuentra fechada en Valladolid el 27 de marzo de 1604. Está dirigida “Al conde de Caracena, Governador y Capitan general en el Reyno de Galicia” tal y como reza el texto de su cubierta. El frontal también presenta una anotación manuscrita en su ángulo inferior izquierdo, por una mano diferente a la que escribió las señas del destinatario: “es del Sevº de su Magd” denotando el carácter oficial del envío. El mismo autor dibujó unos trazos cruzados y la anotación “Vaya A Rdo y Cefon / Tassis”. La carta está firmada en su interior por D. Pedro Franqueza, secretario del Consejo de Estado.(7)
 
La segunda de las certificaciones(8) que pasaría a ser considerada la carta certificada más antigua conocida hasta el momento, se encuentra fechada en su interior en Las Pedroñeras el 28 de enero de 1599. Tal y como reza su cubierta, está circulada también a La Coruña, nuevamente dirigida “A Don Luis Carrillo de Toledo su Govern y capn General en el Reyº de Galicia”, El carácter oficial de este envío se evidencia en la parte superior de la cubierta con la anotación “Por El Rey” propia de las cartas que contenían reales cédulas que emanaban directamente de la autoridad del Monarca. Las evidencias de certificación son mucho más elementales y sencillas que en la carta precedente, reduciéndose únicamente a la palabra abreviada “certifzon” y a una rúbrica, sin que aparezca explícitamente el nombre o apellido de quien la manuscribe. En su interior se reflejan tanto la firma marquillada de Felipe III como la de su consejero de Estado, Martín de Idíaquez.(9)
 
Breves apuntes sobre el contexto histórico y postal de las piezas
 
La carta fechada en Valladolid el 27 de marzo de 1604, circuló en una época en la que la capital del reino se encontraba en dicha ciudad (1601-1606). Este territorio perteneciente a Castilla la Vieja fue en aquella fecha el más avanzado de la Península en lo que se refiere a la red de comunicaciones postales.(10) Los correos ordinarios eran despachados con frecuencia y las estafetas se encontraban establecidas, con total certeza, desde los años 60 del siglo XVI. No obstante no tenemos la misma seguridad de que dichas líneas de comunicación y desarrollo postal fuera semejante en el Reino de Galicia. 

El contexto histórico en que circuló la carta fechada en Las Pedroñeras el 28 de enero de 1599, nos ofrece mucho más juego. Dicho sobrescrito fue remitido en el transcurso del viaje del Cortejo Real hacia Valencia, con motivo de la celebración de la ratificación de los esponsales entre el rey Felipe III y Margarita de Austria, que tuvieron lugar el 18 de abril de aquel año.(11)
 
Según se deduce del análisis de diversa correspondencia real, la Corte partió de Madrid el 21 de enero, tardando alrededor de una semana en llegar a la villa de Las Pedroñeras, en la actual provincia de Cuenca, y que por aquella época podría contar con un millar de habitantes. Esta localidad aparece en los itinerarios de postas de la época en la ruta que parte desde Madrid hacia los territorios de la Corona de Aragón. 


Las comunicaciones postales de Valencia con la Corte de Madrid en 1599, si bien, no contaban todavía con un servicio de estafetas, sí que eran servidas por dos correos ordinarios mensuales,(12) los cuales eran correos menores que hacían recorridos con orígenes y destinos fijos en unas fechas determinadas y conocidas por el público. 

El primero de estos correos ordinarios partía despachado por cuenta del Real Patrimonio, y, por lo tanto, las cartas del Real Servicio estaban exentas de porte, ya que este gasto se compensaba con las ayudas de costa que facilitaba la Corona para el despacho de estos correos. Dicho ordinario partía de Valencia el primero de cada mes y era conocido popularmente como el “Correo de la Guarda” por desempeñar quien lo ejercía también el oficio de soldado. 

El segundo de los ordinarios se despachaba a expensas del Correo Mayor y salía de Valencia a mediados de cada mes. Las cartas y pliegos de Estado remitidas con este correo sí estaban sujetas al pago de los portes que se calculaban en función del peso del envío con independencia de la distancia recorrida dentro de la Península. 

Continuará.

REFERENCIAS
 
(1): Vid Crónica Filatélica; num 170 (Octubre 1999) “El tesoro de León”. Artículo firmado por Fernando Alonso García 

(2): Nos referimos a los artículos “Orígenes del Correo Certificado en España” (Atalaya Filatélica num 122; agosto de 2008); “La carta certificada más antigua de España” (Revista de Filatelia; diciembre 1999) y “Tras la primera carta certificada del Correo Español” (Revista de Filatelia, diciembre de 2008) 

(3): Hasta la fecha solo hemos localizado 18 sobrescritos certificados con fecha anterior a 1717, entre los que se incluyen los dos que justifican este artículo, así como una carta certificada inédita circulada entre Madrid y Trujillo el 15 de mayo de 1652. 

(4): AHN, Nobleza, frias Tomos 1-7. Todas las referencias aparecidas en este artículo sobre la correspondencia mantenida por el marqués de Caracena se encuentran localizadas en Archivo de los duques de Frías (Marquesado de Frómista) Tomos 1 al 7. Sección Nobleza. Archivo Histórico Nacional. 

(5): D. Luis Carrillo de Toledo (1564-1626). Fue Señor de Caracena hasta enero de 1599, en que se le otorgó el título de conde, convirtiéndose este condado en marquesado en 1606. A lo largo de su vida prestó innumerables servicios a la Corona como el de general de los Tercios de Flandes, Gobernador y Capitán General de Galicia entre 1596 y 1606 o Virrey de Valencia. Ya en sus últimos años, durante el reinado de Felipe IV, fue nombrado Presidente del Consejo de Órdenes. 

(6): AHN, Nobleza, frías,C.67,D.1. 

(7): Pedro Franqueza y Esteve (1547-1614) fue un burócrata catalán que protagonizó una carrera meteórica en la administración bajo la protección del Duque de Lerma. Acumuló varias funciones dentro de la administración, que le proporcionaron pingües beneficios debido al uso ilícito que hizo de los mismos. Tiempo después se le otorgaría el título de conde de Villalonga. En 1607 fue apresado con cargos por 474 casos de cohecho, fraude y falsificación y condenado a prisión perpetua. 

(8): AHN Nobleza FRIAS, C.63, D.1-12. 

(9): D. Martín de Idíaquez e Isasi, fue un hidalgo y jurisconsulto natural de Azcoitia (Guipúzcoa). En 1578 fue nombrado Secretario de Estado del Consejo universal de mar y tierra, cargo que ocupó durante catorce años. En 1587 se le asignó la Secretaría de Estado del Norte, cargo que desempeñó hasta tiempos de Felipe III, quien le designó para Embajador en Venecia, distinción que no llegó a aceptar por no disfrutar de buena salud ya que murió prematuramente hacia el año 1602. 

(10): ALONSO GARCÍA, Fernando: El Correo en el Renacimiento Europeo. Estudio Postal del Archivo Simón Ruiz (1553-1630). 
Madrid, 2004. 

(11): FUENSANTA DEL VALLE marqués de la; RAYÓN, José Sancho: Colección de documentos inéditos para la Historia de España. Tomo LX. Madrid, 1875. 

(12): VALDA, Pedro de: Hecho y Discursos sobre los pleytos ciuiles, que leua Don Pedro de Valda. Año 1658. Universitat de València. Fondo Antiguo Sig.: A-D2
 


DESCRIPCIÓN DE LAS IMÁGENES
 
Imagen 1: Sello conmemorativo de la primera certificación postal del mundo.
Imagen 2: Sobrescrito certificado Valladolid - La Coruña (27 de marzo de 1604). AHN, Nobleza, frías,C.67,D.1.
Imagen 3: Sobrescrito certificado Las Pedroñeras - La Coruña (28 de enero de 1599). AHN Nobleza FRIAS, C.63, D.1-12.
Imagen 4: Lienzo pintado por Vicente Lluch, conservado en el Museo de Bellas Artes de Valencia, que reproduce la ceremonia de confirmación de boda en Madrid entre el rey Felipe III y Margarita de Austria.
Imagen 5: Mapa de postas de Madrid a Valencia datado hacia el siglo XVII. Cortesía de D. Carlos Celles.

Publicado el martes, enero 14, 2014 por Norba Filatélica

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